" Es que el pueblo no habla el mismo lenguaje que nosotros.

Su abecedario no tiene letras, sino apenas

formas, movimientos, gestos. Y no es que el pueblo sea

analfabeto, sino que quiere decir cosas

que nosotros ya no decimos"

Rodolfo Kusch en Indios, porteños y dioses,

Stilcograf, Bs. As., 1996, p. 116



"La Manifestación". Antonio Berni

9 ene. 2014

El Pueblo en la Trama: Modelizaciones estèticas de la Cultura Popular. Pròlogo de Pablo Heredia







INTRODUCCIÓN





Este libro consiste en un estudio de los modos en que el discurso literario y ensayístico construyen las nociones de “lo popular” y “lo nacional”, en tanto lenguas específicas cruzadas por otros discursos sociales, y a la vez configurados como manifestación artística de formas culturas constituidas, fundamentalmente, a través de la palabra. Más que intervenir en la lectura analítica desde un a priori conceptual de estas categorías, hemos optado por transformarlas en el propio objeto de estudio. Pero tales nociones no son consideradas solo desde un plano de abstracción conceptual, sino desde el resultado de un análisis de un corpus de textos literarios argentinos que cruzan un amplio periodo histórico (siglos XX y XXI) para construir desde ellos la crítica teórica.

Concebimos ambas nociones como construcciones históricas variables que participan del entramado simbólico que una cultura despliega para construir identidades a través de un entramado de tensiones sociales, políticas, étnicas, regionales. A esta variabilidad diacrónica se le suma la inestabilidad sincrónica en la medida en que ambos términos se tensionan y compiten en un momento determinado. Además, hemos incorporado en el análisis otros conceptos que no pueden soslayarse en este problema; por ejemplo, las referencias configurativas, muchas veces expresadas en sus contradicciones constitutivas, “tradición”, “hegemonía”, “culto/popular”, “central/periférico”,  “letrado/iletrado”. Hemos tenido conciencia de las dificultades que ambas nociones revisten a la hora de pretender definirlas y de elaborarlas como categorías; inconvenientes que han llevado a las Ciencias Sociales y Humanas a prácticamente erradicarlas de su vocabulario. Por ello, consideramos que entenderlas como categorías de uso colaboró para superar los problemas que devienen de las definiciones per se.
En definitiva, nos propusimos observar en un corpus constituido por textos literarios argentinos (y bolivianos) la conformación, circulación, tensión y resignificación de “lo nacional” y “lo popular”.
Decíamos que estas nociones son construcciones discursivas de carácter histórico y variables, y los textos literarios operan sus construcciones, calificándolas, clasificándolas, sancionándolas y legitimándolas, en relación a geoculturas determinadas y dentro de proyectos ideológicos particulares. Por ejemplo, en la literatura y el ensayo argentinos, desde sus comienzos y hasta mediados del siglo XX, la relación culto-popular se caracterizó o por una tajante oposición (en el que el primero descalificaba al segundo), o por una actitud inclusiva pero paternalista de “dignificación” de la cultura popular. Por ello, hemos observado de qué manera en las configuraciones contemporáneas de lo popular emergen elementos refractarios de lo considerado culto en la literatura argentina.
En general, nuestros objetivos se limitaron a intentar un aporte a una base teórica que permitiera conceptualizar la construcción histórica de las nociones de “lo nacional” y “lo popular” en la conformación de la literatura argentina, con el fin de someterlos a discusión a partir de una resignificación de sus usos en la conformación de la literatura argentina. En consecuencia, hemos abordado los mecanismos de tensiones e interpenetraciones culturales desplegados a partir de estas categorías, desde un análisis de los procesos de dinamismo categorial (circulación, apropiación, uso, consumo) que pueden ser leídos en la producción literaria y de una reflexión del potencial ideológico e identitario implicado en la construcción de estas categorías.
Para abordar el fenómeno de la lo popular en tanto una construcción semántica tramada por el discurso literario, recuperamos el concepto de la dinámica discursiva que transcurre con el forjamiento operativo de lo culto y lo popular que se despliega desde una geocultura (KUSCH, 1976) particular. Este concepto, en tanto subsume lo estrictamente geográfico, permite pensar las prácticas socio-culturales como prácticas “situadas” en función del arraigo cultural. Por lo tanto, las prácticas discursivas son sostenidas desde la geocultura, participando a su vez de su propia emergencia. Si toda palabra representa un “signo ideológico”, como sostenía Mijail Bajtin, en la medida en que todo acto de enunciación pone en circulación una serie de valores e ideologías particulares, la literatura, al formar parte de la producción simbólica de una cultura, porta valores sociales e ideologemas de diversos órdenes políticos.
Los discursos literarios y ensayísticos  (en tanto espacios textuales atravesados por discursos sociales y por prácticas artísticas e ideológicas de acentuado plurilingüismo  cultural), son entendidos en su análisis concreto a través de los núcleos enunciativos y los operadores discursivos que pretenden modelizar “lo real” en sus manifestaciones históricas y a la vez como objetos de un saber que tensiona sus propias matrices epistemológicas. En consecuencia, sin renegar de la abstracción conceptual, nos hemos ocupado de los discursos no-registrados que operan por debajo de los sistemas como promesa de discontinuidad y conflicto, o sea, lo que Foucault denominó “prácticas discontinuas que se cruzan, a veces se yuxtaponen, pero también se ignoran y se excluyen” (FOUCAULT, 1996, 53). En otras palabras, una exploración de los sistemas heterógeneos, lo que escapa a los sistemas de poder.
Sin embargo, “lo popular” implica un problema inaugural acerca de las dificultades de aprehenderlo y delimitarlo en el objeto “cultura popular”, en tanto formalización que se ubica de modo lábil en una zona que en un principio se define canónicamente como una otredad. Optamos por desarrollar un abordaje dentro de la formulación de las “modelizaciones estéticas” que crea la literatura actuando sobre ese otro objeto -“cultura popular”- a través de una discursivización específica (estética) en el que está presente un proceso subjetivo de simbolización cultural. Esto ya no significa, dentro del plano del sistema de la “literatura”, que la “cultura popular” se configura siempre como una construcción “exterior” que solo cobra existencia en la medida en que es discursivizada dentro de un “otro paradigma” (el de la “literatura”), probablemente en una interacción dialéctica. La cultura popular puede ser entendida también como una discursividad “autónoma” que está presente (se cuela, se infiltra, se inviste) en  las formalizaciones literarias, lo que puede conducirnos a comprenderla no como una entidad-otra íntegramente autónoma y “diferente” a la de las representaciones del que la construye.
El modo de entrar en la posibilidad de la aprehensión de la “cultura popular” es a través de las prácticas culturales representadas simbólicamente en la discursivización que los sujetos sociales configuran para hacerlas circular no solo ad intra sino también ad extra de sus centros de irradiación. Creemos que un acercamiento a esas prácticas culturales puede observarse por medio de las representaciones “identitarias” que los sujetos culturales, agentes sociales de la “cultura popular”, simbolizan en sus prácticas con el fin de posicionar sus estrategias vitales en relación al macro-sistema cultural. La cultura popular, entonces, puede constituirse como un espacio de operación de ciertos textos culturales que actúan intertextualmente como subestructuras dentro de una misma cultura. Operan identitariamente a través de diversos registros codificados de las diferentes composiciones o volúmenes de la memoria (actitudes frente al cambio o resistencia del acto de sobrevivir) (KUSCH, 1976). Esto implica que la cultura popular no es solamente una construcción representativa que ocupa o habita un espacio vinculado necesariamente a una clase social, sino que es un espacio de intertextualización de textos culturales (operaciones identitarias) que se practican transversalmente en todas las subestructuras de una cultura, es decir en una memoria común. (LOTMAN)
Los textos literarios, en tanto “textos culturales” que forman un sistema constituido básicamente por las operaciones intertextuales que pone en funcionamiento (otorgándoles un sentido de significación y resignificación dinámico) el proceso de construcción de identidades comunes, nos abre la posibilidad de resolver provisoriamente en la interpretación de los textos el conflicto “formalización académica”/“forma-informe cultura popular”, a través de la “identidad-memoria común”. (LOTMAN) En consecuencia, una forma de penetrar en los textos literarios y ensayísticos que pretenden modelizar lo que entienden por “la cultura popular”, también es a través de la noción de “dialectos de la memoria” nos servirá para entender cómo se conforman “subestructuras culturales” (Lotman), cuyas prácticas se diferencian en la composición y volumen de la memoria (importancia de la escritura o de la oralidad que operan identitariamente), o también en los distintos grados de “elipticidad” de los textos culturales que circulan dentro de ellas (operaciones ideológicas o políticas de la identidad).
De esta manera, hemos observado que para algunos escritores-intelectuales la configuración de la cultura popular se presenta como una “otra-cultura” inasimilable, en algunos en intenciones de asimilarla para ilustrarla, y en otros en tanto construcción del imaginario ideológico de la pertenencia a ella (la enunciación de un yo-nosotros populares). La literatura (sistema de la cultura) se estructura entonces como espacio discursivo (creación, discusión y gestión) en el que circulan proyectos político-culturales de “legitimaciones” en diversos campos referenciales de identificaciones ideológicas, tales como las espaciales (“regionalización”, “nacionalización”, “universalización”), las epistemológicas (“ilustración”, “culto”, “libresco”, “popular”, etc.), o las político-ideológicas (clases o grupos sociales, comunidades étnicas, sexuales).
Por lo tanto, las oposiciones culto/popular, letrado/iletrado y oralidad/escritura son construcciones discursivas que han coadyuvado de modo heterogéneo y conflictivo a las configuraciones definitorias de la categoría “Pueblo” en función de proyectos político-culturales formalizados históricamente. Gran parte de la ensayística argentina, por ejemplo, se preocupó por reelaborar, por un lado, las categorías de “lo popular” en relación a “lo nacional”, y por el otro, vincularlas a la acción política de “lo revolucionario” y “lo conservador”, por medio de la reflexión acerca del potencial ideológico e identitario implicado en la construcción de estas categorías.

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Una lectura abierta de un texto, libre de precisiones genealógicas de las teorías que lo precedieron configurándolo hacia nuevas perspectivas, nos permite dialogar no solo sobre los aportes y la vigencia epistemológica que nos puede brindar, sino también repensar el fenómeno que nos atañe desligándonos de él, sea para negarlo, refutarlo, corregirlo, o proyectarlo.
El problema, nuestro problema, parte de la actitud intelectual de reflexionar acerca de un objeto que entendemos se representa a través de una praxis cultural por fuera de los textos teórico-críticos que tradicionalmente han intentado explicarlos. Por lo tanto, la referencia a la tradición teórica se encarna en un espacio construido entre el objeto reflexionado y las lecturas que se han realizado sobre él; de ninguna manera nos proponemos discutir únicamente acerca de lo que se ha dicho sobre el problema.
La distinción entre temas y problemas parte de una formalización política de los intereses “académicos” que guían toda investigación académica y los objetivos que subyacen con respecto a la posible aplicabilidad de los resultados (asumimos que por el momento es contradictoria, compleja y poco transparente). Reflexionar sobre un objeto construido como un tema supone reflexionar sobre él para encontrar los mecanismos estructurales que lo generaron y lo hacen operar dentro de un sistema más amplio. De carácter generalmente descriptivo apunta a revelar los modos de representación que asume el objeto con el fin de convertirlo en evidente (que se vea), mostrarlo, para explicar a través de la deconstrucción y el desmontaje, sus operaciones coercitivas o liberadoras. Si bien es un momento imprescindible de la investigación que otorga las herramientas necesarias para la reflexión (e incluso guía de futuras prevenciones sobre los modos operativos del objeto tratado), creemos que dialécticamente precisa de una problematización que indague y ponga en crisis los fundamentos epistemológicos que operaron en la construcción del tema mismo, en relación con los recortes (perspectivas) seleccionados y las incidencias que el objeto proyecta en la interpretación de una praxis más amplia en la que está incluido. Abordar y tratar un objeto de conocimiento como un problema, significa por un lado, una constante dialéctica entre la crítica y la autocrítica de las referencias teóricas y epistemológicas que estamos construyendo para interpretarlo, y por el otro, asumir una reconstrucción constante de la interacción con esa otredad que funda y configura el objeto en cuestión.
En el problema que nos atañe, sugerimos una reflexión a través de un sistema de “confrontación interior” en la investigación. El estudio y la indagación crítica de la “cultura popular” nos inserta de entrada en un problema, más allá de lo que en un principio podemos entender como una “entelequia” inabordable (GRIGNON-PASSERON, 199;  De CERTEAU, 199 ): ¿nosotros, los investigadores, formamos parte de eso que llamamos “cultura popular” o la construimos como una otredad que entendemos debe ser explicada e interpretada? En principio, concebimos esta pregunta como un problema que requiere ser resuelto en el transcurso de la investigación y que presupone hipotéticamente la existencia de esa “entelequia”. Si partimos del principio de que formamos parte de la “cultura popular” guiaremos nuestro estudio desde una subjetividad que no podremos evitar a la hora de confrontar las muestras con nuestras propias experiencias; pero si la construimos como una otredad en la que solo la percibimos por referencias externas o incluso como observadores o público más o menos “estables” (frecuentamos actividades propias representativas de la “cultura popular”), nos situamos en y con la “distancia” que impone (o nos imponemos) la intención de interpretar esa otredad.
Si bien nuestra perspectiva se formaliza epistemológicamente desde la práctica teórica de la crítica literaria, nuestras investigaciones tienden a integrarla transdisciplinariamente con otros campos de estudio dentro de las ciencias humanas, lo que implica, y este es uno de nuestros intereses explícitos, problematizarla como sistema metodológico para interpretar culturalmente la literatura. Por lo tanto, a la vez que partimos de los presupuestos de lectura de la crítica literaria, la colocamos en un lugar funcional a las “hipótesis de sentido” que construyen el objeto de conocimiento (textos literarios) en interacción práctica con otras disciplinas de las ciencias humanas, tales como la antropología, la sociología de la cultura y la filosofía.
La problemática específica que abordamos en estos momentos consiste en descubrir e interpretar las relaciones que se construyen entre los textos literarios y las “culturas populares”. Entendemos los textos literarios dentro de un sistema cultural en el que operan socialmente (y en el que sus operaciones inciden en su formación) a través de una diversidad heterogénea de representaciones sociales, políticas, históricas, modelizadas estéticamente con distintos propósitos político-culturales. La modelización estética que nos interesa descubrir e interpretar dentro del marco del sistema de las literaturas del Cono Sur, es la “cultura popular”, como referente construido en una red de tensiones culturales (epistemológicas y prácticas) en relación con la construcción de las identidades regionales, étnicas, artísticas, históricas, entre otras.
El problema inaugural transcurre alrededor de las dificultades de aprehender y delimitar el objeto “cultura popular”, en tanto percibimos que se constituye en una formalización que se ubica de modo lábil en una zona que en un principio se define como una otredad, al menos así se ha construido canónicamente: como una otredad de los sujetos de conocimiento académico (luego observaremos que esa distancia puede borrarse considerablemente, no por una transformación del sujeto “académico” sino por una delimitación más amplia del objeto “cultura popular”).
Dentro de la formulación del problema distinguimos que las “modelizaciones estéticas” que crea la literatura actuando sobre el otro objeto, la “cultura popular”, a través de una discursivización específica (estética) en el que está presente un proceso subjetivo de simbolización cultural. Esto significa, dentro del plano del sistema de la “literatura”, que la “cultura popular” se configura siempre como una construcción “exterior” que solo cobra existencia en la medida en que es discursivizada dentro de un “otro paradigma” (el de la “literatura”), probablemente en una interacción dialéctica.
Un aspecto temerario a trabajar consiste en descubrir aquellas formalizaciones discursivas que crea la “cultura popular” al margen (o inconscientemente) del sistema de la literatura “letrada”. No es difícil encontrar estas formalizaciones en culturas-otras, trabajo realizado por la antropología y la etnología, ya que en nuestro problema aquello que podemos denominar “cultura popular” está dentro, o “al lado” de la “cultura” del investigador (DE CERTEAU). Pero como nuestro objeto es la textualidad escrita, nuestra indagación apunta a descubrir de qué manera esa discursividad “autónoma” de la cultura popular está presente (se cuela, se infiltra, se inviste) en  las formalizaciones literarias. Lo que nos conduce a entender que la “cultura popular” no es una entidad-otra íntegramente autónoma y “diferente” a la de las representaciones del que la construye. Quizás en el acto de pensarla y reflexionarla, es decir de desnaturalizarla, reside también la invención de la distancia, la construcción de una otredad que solo es significativa a través del intento de formalizarla teóricamente.
En consecuencia, debemos relacionar este conflicto con otras referencias que incumben a la “enciclopedia” práctica del investigador y está presente en la del acto de interpretación: las interacciones entre cultura letrada e iletrada, saber libresco y “popular”, ilustración y “naturaleza”. Esta “marca intelectual académica” nos lleva a dialogar con nosotros mismos acerca de las posibilidades prácticas del “poder” de comprensión de lo que en principio creemos que está fuera de nosotros. Ante la pregunta ¿nuestras formalizaciones teóricas nos permiten entender aquello que creemos que no tiene una “forma”? o ¿lo que creemos que no tiene forma obedece a que nuestras formalizaciones no pueden captarla? o en fin ¿deformamos nuestro objeto para poderlo interpretar? Nuestras respuestas aún no han adquirido una forma, pero intuimos que es necesario preguntarnos este conflicto, poner en escena nuestro rol de investigadores académicos, a partir de la problematización de los fundamentos teóricos y pragmáticos de las formas que hemos construido para entendernos a través de ese objeto. Estas preguntas implican redundar sobre algunas preocupaciones que polemizan el conflicto dentro del ámbito académico, no solo en la retórica “científica” sino también en los códigos ideologizados que orientan las investigaciones a través de las construcciones del objeto de conocimiento: ¿qué investigar? ¿cómo, desde dónde y para qué investigar esto?
Las representaciones “identitarias” simbolizan prácticas con el fin de posicionar  estrategias vitales en relación al macro-sistema cultural, es decir, el despliegue de aquellas prácticas que se manifiestan en diversos modos de a) construir la convivencia con las “pertenencias” comunitarias, b) compartir las pertinencias simbólicas (códigos de conservación y rupturas del orden establecido), y c) actualizar simbólicamente la  ocupación (defensa y cambios) del espacio vital (regiones culturales).
Entonces el conflicto adquiere un rasgo exultante en nuestra investigación: al clausurarlos, censurarlos o pervertirlos, no hacemos más que clausurarnos, censurarnos y pervertirnos a nosotros mismos, ya que por un lado, la cultura popular es una construcción nuestra que opera con nosotros mismos, y por el otro, ponemos en juego una codificación-decodificación que al concientizarla, es decir, desnaturalizarla, nos obliga a repensarnos a nosotros mismos como practicantes de la cultura popular. Solo con fines necesariamente metodológicos realizamos un recorte, construyendo una autonomía de la “cultura popular” para poder aprehenderla epistemológicamente. Es, en fin, lo que hace la literatura.
Modelizaciones estéticas que en muchos casos se relacionan con operaciones político-ideológicas de vinculación con “lo local”, “lo nacional” o “lo universal”, o también con el programa político de reconstruir el sistema literario de la “literatura argentina” o la “literatura latinoamericana” a través del registro de identificación de los textos con las culturas populares regionales (en un proceso de legitimaciones y reconocimientos de poéticas o estéticas).
Nuestro estudio de los textos literarios implica un doble movimiento de la lectura crítica. Por un lado, el “análisis ideológico”, que nos permite observar en los textos culturales cómo se modelizan “formaciones simbólicas” de la cultura popular. ¿Cómo opera ideológicamente la cultura popular construida en un discurso que la interpreta y la modeliza en una estética? La literatura (sistema de la cultura) como espacio discursivo (creación, discusión y gestión) en el que circulan proyectos político-culturales de “legitimaciones” en diversos campos referenciales de identificaciones ideológicas, tales como las espaciales (“regionalización”, “nacionalización”, “universalización”), las epistemológicas (“ilustración”, “culto”, “libresco”, “popular”, etc.), o las político-ideológicas (clases o grupos sociales, comunidades étnicas, sexuales). En síntesis, se trataría de un primer momento descriptivo para observar cómo funciona la construcción que el texto literario hizo de la cultura popular, en relación con el proyecto político-cultural que registra como referencia o que se configura a la vez  en el texto.
Por otro lado, el “análisis cultural” requiere un desplazamiento del texto a la referencia misma que ha construido. Partimos de la necesidad de que es posible leer “entrelíneas”, leer lo que no está escrito, leer lo que está “informe” y codificado desde las formas de otro-registro (TORRES ROGGERO), leer el “discurso ontográfico” (KUSCH) que dice lo que aún no ha sido formalizado en la escritura del lenguaje. Si entendemos que la cultura popular (un dialecto de la memoria) se manifiesta en espacios de saber (subestructuras culturales) que se entrecruzan mutuamente y que esta interacción la configura en un recorte autónomo, otorgándole una identidad posible de ser reconocida, tanto los escritores como la crítica académica están insertos y operan en su construcción representativa.
Al interpretar las modelizaciones estéticas de la cultura popular estamos operando conjuntamente con la construcción de otra modelización que, a través de una heterogénea red de entrecruzamientos (vitales y epistemológicos), nos ubica en otra subjetividad, la del objeto que adquiere las representaciones identitarias de todos los actores que participan en su dilucidación: el agente de la cultura popular, el agente que la modeliza (el escritor) y el agente que pretende formalizarla a través de un saber académico (el crítico).
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Lo popular se matriza en un discurso que refiere una modelización de la praxis del sujeto Pueblo, y la literatura, en tanto propuesta estética que lo discursiviza de diversos modos identitarios (como sujeto-nosotros o sujeto-otros), se ha postulado en uno de los tantos lugares de debate de su configuración en la literatura argentina. De tal manera, este libro se abre con las polémicas que la literatura puso en juego desde fines del siglo XIX hasta la década de 1940. En el capítulo I, “El Pueblo habla a través de nosotros”, nacionalistas, católicos y liberales, modernos y tradicionalistas, debaten el lugar del pueblo en la Nación que si bien llevaba pocos años intentando estructurarse en un proyecto político-cultural, había transitado algunas crisis que ponían en relieve su devenir histórico. Córdoba, espacio poco refractario a las vanguardias políticas y artísticas, se constituyó en la escena de la discusión entre católicos y liberales, que sin abandonar completamente algunos postulados positivistas configuraban el Pueblo como una otredad sumisa y disponible para su “educación” en la praxis cultural de las elites de provincia. Sobre el final del proceso yrigoyenista, Lugones, quien polemizó duro con los vanguardistas porteños sembrará variantes que proyectarán al Pueblo con un saber diferente que ni los modernos predicadores de la Nueva Poesía ni los tradicionalistas católicos habían percibido en sus intentos de “nacionalización” de un Arte en constante composición. Pero estas series textuales que diatriban la literatura en el marco de proyectos ideológicos de Nación, se complementan con el origen del folclorismo en la Argentina, en relación directa con los proyectos “nacionalistas” que confluyeron en las iniciativas de construcción de una Nación cuya heterogeneidad social se incentivaba en la idea de un origen “sustancial” en que el Pueblo no era más Otro-distante modelizado por ideologías enunciadas por distintos sectores de la clase dirigente.
En el capítulo II, “El Pueblo con Perón, el Pueblo con Nación”, los debates se desplazan a partir de los años 40 hasta el presente, dentro de la variable del peronismo como emergente social histórico que intenta romper con la distancia del Pueblo como una Otredad dispuesta a reivindicarse a través del mismo discurso que lo anula culturalmente. El Pueblo está en nosotros adquiere la identidad política que supera la praxis anterior de un discurso que lo distanciaba de los saberes que lo nombraban y le otorgaban existencia. Los proyectos “nacionales y populares” que el peronismo activó desde la construcción de un lugar único opuesto a la oligarquía, se encarnó, ya en los años 60 en la izquierda peronista, marcando la cancha de los impedimentos colonialistas que no le permitían a la Nación desarrollarse con su Pueblo. Sin embargo, esta puesta en juego de saberes que impusieron nuevas modelizaciones de la cultura popular, cosecharían también rechazos irreconciliables que plantearían de allí en más fuertes antagonismos difíciles de superar. El antiperonismo de intelectuales de diversos orígenes ideológicos (conservadores e izquierdistas), también intentarían promover no solo sus modelos de Pueblo sino también sus políticas de invisibilización, como una otredad amenazante para la tradicional elite dirigente del país.
En el Capítulo III, “El Pueblo habla de Pueblo, no más”, nos situamos en el siglo XXI, en que lo popular se identifica con nuevas variantes en los intentos de asunción de una voz que se dice a sí misma a través de los narradores jóvenes que escenifican el conurbano bonaerense y la “marginalidad” cordobesa, y también por medio de las letras de canciones de la música popular. Lo popular adquiere una nueva circulación social que expresa el emergente de nuevas modelizaciones de un sujeto cuya praxis política consiste meramente en visibilizarse en nuevos modos de decirse a sí mismo. Los jóvenes, y también los cantantes de cuarteto, marginales al canon de las estéticas “burguesas”, ponen en juego un discurso que tensiona la relación Nosotros/Otros en el lugar de la yuxtaposición.
Finalmente, en el último capítulo se incorporó un estudio que la literatura argentina y del Cono Sur muchas veces reclama como integrador pero pocas veces lo asimila. Un recorrido por la literatura boliviana en relación con la configuración de un Otro específicamente étnico, el cholo. Desde los paradigmas positivistas en que el cholo era un ente degenerado, pasando por el emergente de la revolución del 52, hasta el presente de la última generación de escritores, el análisis de la literatura puede revelar como los intelectuales bolivianos intentaron incluir al cholo en un modelo de Nación que los excluyó sistemáticamente. Sujetos sociales portadores de “humanidad” asumen en las últimas décadas valores y experiencias que antes solo eran patrimonio de los “blancos”, como por ejemplo, sexualidad y erotismo ya no son solamente referencias del ultraje del Otro-cholo, sino prácticas visibilizadas de un sujeto que ha adquirido política de su identidad.

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Este libro, por último, es el resultado de varios años de investigación del equipo de investigación que dirigimos Pablo Heredia y Domingo Ighina en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. En su Centro de Investigaciones (CIFFyH) María Saleme de Bournichon, se desarrolló el proyecto “Modelizaciones estéticas de la cultura popular en la literatura y el pensamiento argentinos”, por el cual recibimos el apoyo fundamental de la Secretaría de Ciencia y Técnica (Secyt-UNC). A estas instituciones nuestro primordial agradecimiento; luego, a nuestros colegas de la carrera de Letras Modernas y de otras universidades públicas del país.

Pablo Heredia




Índice

Capítulo I. Introducción. Pablo Heredia. Domingo Ighina.

Capítulo II. “El Pueblo habla a través de nosotros”
El botín del pueblo: Católicos y liberales en la Córdoba de entre-siglos. María Gabriela Boldini.
Una payada entre porteños vanguardistas y cierto cantor del norte cordobés. Jorge Torres Roggero
“El mundo ve tuerto”: aproximaciones a los proyectos culturales del nacionalismo argentino. Domingo Ighina.

Capítulo III. “El Pueblo con Perón, el Pueblo con Nación”
Peronismo y nuevo sujeto de conocimiento: Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Kusch. Juan Arrieta.
Operaciones políticas en la narrativa de los 60. Pablo Heredia.
Cuando el “pueblo” reclama presencia. Enfrentamientos y contradicciones de la clase media argentina: Denevi, personaje y escritor. Nicolás Abadie.
De la “alteridad radical” a la “alteridad íntima”: Representaciones de la otredad en la trilogía La lengua del malón, El amor argentino y 77, de Guillermo Saccomanno. Juan Ezequiel Rogna.

Capítulo IV. “El Pueblo habla de Pueblo, no más”
“El marginal me llaman”: resistencias y estrategias discursivas en torno a la representación de la marginalidad en la literatura cordobesa. María Celeste Valle.
Horizontes programáticos y poéticas geoculturales. Aproximaciones a proyectos creadores colectivos en tres antologías de la NNA. Sabrina Rezzónico y Ana A. Testa.

Capítulo V. “Bolivia en el Cono Sur”
Mestizaje y procesos sociopolíticos en la narrativa boliviana del siglo XX. Magdalena González Almada.